EL PESO DE LAS PALABRAS

¿Te has planteado alguna vez el peso que tienen las palabras que utilizas para comunicarte?

«No seré capaz«.

«No se me da bien eso«

«Seguro que piensan mal de mí«

«Yo soy así«

Lo que nos decimos se convierte en una profecía autocumplida.

Y lo que le verbalizamos al resto también. 

Porque las palabras son energía.

Y ésta, como bien sabes, tiene el poder de transformar

Las palabras pueden llegar a integrarse como una carga invisible que se graba en el inconsciente y nos influye, hasta el punto de llegar a cambiar nuestra manera de vernos y mirar el mundo… cuando no ponemos atención en ello.

Sin ir más lejos, párate a pensar en las etiquetas que utilizas para referirte a otras personas. 

E, incluso, a ti misma. 

No importa si éstas son consideradas positivas o negativas, su impacto es el mismo. 

No hay gran diferencia entre «ser cariñosa» y «ser desordenada«, fuera aparte del juicio moral

En muchos aspectos, la sociedad premia más a una persona «cariñosa» que a una «desordenada«.

Y esa mirada es la que le da a cada etiqueta un tinte diferente: lo que entendemos como el bien y el mal.

Sin embargo, el peso que lleva cualquiera de esas palabras es similar, pues te fuerza a llevar ese disfraz de por vida

Porque, tanto tú como tu entorno, entendéis que eres así, que ése es un rasgo de tu personalidad y se queda incrustado en ti sin darte apenas opción de modificarlo. 

Y, ¿cómo puedes empezar a desprenderte de este bucle de máscaras pesadas? 

Mirándote como un papel en blanco, sin etiquetas y con la apertura de que lo que hoy va contigo, puede ser modificado mañana. 

Y está bien así.